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REFLEXIONES DEL 25 DE JULIO: WASHINGTON Y EL TERRORISMO

La manera con que nos veían y quizás nos ven todavía.


No soy del grupo de los que aspiran al ingreso de Puerto Rico al conjunto de los estados de los Estados Unidos de Norteamérica. 
También soy ávido lector. Pero sin haber ido a los libros, con tan sólo haber visto películas de indios y vaqueros en mi niñez, sé que los cara pálidas hablan con lengua viperina. Firman tratados y luego los echan a un lado para someter a los habitantes de los territorios a sus intereses. Los indios terminaron en reservaciones con su autonomía y todo. 
Así, no voy a defender a Jorge Washington motivado por una agenda personal.
La razón histórica
Me interesa la razón histórica, de la que hablaba Ortega y Gasset. Los hechos históricos –como esto mismo de los indios y el otro asunto sobre si Washington fue terrorista– quedan desenfocados si se les analiza con la razón, con la lógica. Para entender mejor los asuntos humanos hay que recurrir a la razón histórica que no descansa sobre los razonamientos puros. Descansa sobre los hechos, en su perspectiva histórica. La razón histórica consiste en contar cuentos; pero cuentos con fundamento en la realidad. 
Para definir a Jorge Washington como terrorista, primero hay que ver lo que hacen los terroristas. Ellos atacan la población civil, también los símbolos y monumentos nacionales, con el propósito de una demostración de fuerza. Usan también la violencia contra la población para intimidar. En la Segunda Guerra Mundial tanto alemanes como norteamericanos inauguraron la estrategia de destruir ciudades a fuerza de bombardeos, para desmoralizar al enemigo. En Vietnam también pensaron que esa táctica daría resultado.
Para los efectos los terroristas practican el chantaje: si las autoridades que representan la población no acceden a sus demandas, seguirán provocando caos. Es el recurso de los que no pueden aspirar a un triunfo militar, o un triunfo en las urnas electorales. Ese no fue el caso de Jorge Washington y los que se fueron a las armas contra Inglaterra en las colonias de Nueva Inglaterra. 
El terrorismo no es lo mismo que la guerra de guerrillas. La guerra de guerrillas es parte de una operación militar, sin entrar en más detalles. Es una operación militar que es parte de una estrategia. Va dirigida a objetivos militares y el resultado esperado es de tipo militar. Como apuntado, la violencia terrorista va dirigida a los símbolos y lugares públicos de la población civil.


Washington en contexto

Al ir a los datos históricos, encontramos que los colonos norteamericanos no esperaron a producir un documento y firmarlo para entonces empezar la guerra. No es que la revolución de independencia comenzó con la firma de la Declaración de independencia el 4 de julio de 1776. 
Desde 1754 hubo un congreso en Albany para organizarse en defensa de los derechos propios. En 1773 se dio la primera acción de repudio contra las medidas abusivas de Inglaterra, cuando un grupo de colonos echó al mar un cargamento de té en la bahía de Boston. Aquello fue un acto terrorista no criminal, en cuanto no hubo víctimas civiles.
Como los ingleses siguieron con su intolerancia, en septiembre de 1774 los colonos se convocaron ellos mismos a una asamblea o congreso con representantes de las trece colonias. 
Los que asistieron al “Congreso Continental” (así se le llamó a aquella asamblea) no fueron unos caciques sin indios, como ha sucedido a veces en Puerto Rico. Eran agricultores líderes; no eran líderes sin nada más que hacer. Eran comerciantes que se ofrecieron como voluntarios; no eran actores haciendo aspavientos de indignación para las galerías. Fueron ciudadanos que se sacrificaron y asumieron ese papel en las circunstancias. La mayoría volvieron a su vida privada sin más, una vez que terminó su trabajo. Ese fue el caso de Washington, Jefferson, Franklin y los otros. 
En ese congreso resolvieron  organizarse con unas milicias estatales. Ese fue el origen de los Minutemen y, posteriormente, la Guardia Nacional en los estados. Era la idea de un ejército compuesto por civiles, antes que militares de carrera. De esa manera revivieron la experiencia de los griegos y romanos, y el concepto original de los “dictadores”. En Roma el Senado nombraba dictadores por seis meses, que gobernaban en tiempos de emergencia bajo la autoridad, eso sí, del Senado. “¿Para qué quiero yo poder si tengo mi tierra y mi ganado?” –dijo una vez un jefe de familia cuando el Senado le pidió ser dictador para resolver un problema. 
De ahí la idea que luego quedó consagrada en la Constitución, la del derecho a portar armas. Los súbditos tienen derecho a defenderse de los quieran quitarle sus libertades. Entre los colonos se propagó la consigna de prepararse para en cualquier momento salir y formar un grupo para ir a darle pela a los ingleses. 
En aquel congreso también se decidió –1774– declarar sin efecto la autoridad de los ingleses sobre las colonias. Se proclamó un nuevo gobierno autónomo que tuvo el efecto inmediato de negarle a los ingleses el control de la ruralía a partir de ese momento. 
Unos meses más tarde, en abril de 1775, los ingleses desembarcaron un ejército en Boston para confiscar las armas de la milicia. Pero alertados por Paul Revere y otros que sirvieron de correos, los milicianos salieron a su encuentro y se dieron las primeras batallas de la Guerra por la independencia. Entonces siguieron llegando milicianos de todas partes y los ingleses se vieron obligados a retirarse de Boston en marzo de 1776. 
El comité de redacción de la Declaración.
En ese contexto entonces fue que los colonos se sintieron lo suficientemente fuertes como para establecer un ejército regular y nombrar a Washington general en jefe. En julio de aquel año de 1776 firmaron la Declaración de independencia. "O nos mantenemos unidos, o nos ahorcan por separado," dijo Benjamín Franklin. Durante toda la guerra contra los ingleses hasta el triunfo en 1781 Washington estuvo sometido a la voluntad del Congreso Continental.

Terrorismo e independencia
Igual que los colonos norteamericanos los puertorriqueños hemos desarrollado actividades revolucionarias –actos de guerra abierta– en diversos momentos de nuestra historia. Ya en el siglo 18 el cabildo de San Germán reivindicó su autonomía frente a los intentos de la Corona por entrar en sus asuntos locales. Ver a esos efectos el opúsculo preparado por Don Francisco Lluch Mora de Yauco.
El envío de Ramón Power Giralt a las cortes constituyentes de Cádiz en 1812 puede interpretarse como una movida encaminada a la soberanía isleña. La proclama de una república en Lares, en 1868, fue claramente una afirmación de soberanía. Nuestras aspiraciones fueron frustradas porque en España también se frustraron las aspiraciones liberales con el golpe militar de 1873 y más tarde el asesinato de Cánovas del Castillo. 
Habría que reconocer que la isla se llenó de refugiados realistas escapados de las guerras de independencia del continente. Sus descendientes hoy día de seguro han engrosado las filas de los que respaldan el ingreso a la federación de los Estados Unidos. El talante conservador se respira desde la cuna.
La Guardia Nacional entra en Jayuya, 1950.
El otro momento en que se libró una oposición legítima a nombre de nuestra soberanía fue la proclamación de la república hecha por Blanca Canales desde Jayuya en 1950.
Mi madre me contaba que uno de los arrestados en aquel momento le preguntaron en el tribunal qué hacía, dónde estaba aquel día. “Yo, su señoría,” dijo, “estaba en la plaza del pueblo viendo las águilas de acero del imperio haciendo sus maniobras en el cielo”. 
Poco después y con los nacionalistas puertorriqueños en la cárcel, hubo el último intento legítimo de soberanía, la constitución del Estado Libre Asociado en 1952. Recordemos que entre 1898 y 1902 Cuba también fue territorio no incorporado de los Estados Unidos bajo un gobernador militar. 
Ese tipo de situación se daba en el Far West, en territorio de indios que no estaban sometidos. 
Un periódico interpretó la enmienda Platt como un carimbo.

Entonces le permitieron a los cubanos proclamar una constitución  sujeta a los poderes del Congreso de Washington. Como con Puerto Rico en el 1952, en el 1902 en Cuba el Congreso editó, añadió y quitó de la nueva constitución cubana.

El Estado Libre Asociado
Para los que vivieron aquel momento de 1952 en Puerto Rico quizás parecería que se seguía el mismo patrón de 1902 en Cuba. Los cubanos tuvieron que aguantar mucho: enmienda Platt, dos ocupaciones militares, la auto proclamación de un presidente norteamericano como presidente de Cuba y así… hasta que en 1938 pareció que finalmente serían verdadera república independiente. El presidente Franklin Delano Roosevelt estaba consciente de las simpatías hacia Alemania en Méjico y el Caribe, junto a la antipatía general hacia los yanquis en la América hispana. Así, inauguró la "Política del buen vecino" hacia las repúblicas hispanas. 
Ese fue el contexto de soltarle la cadena a Cuba. Por esas misma fechas en el Congreso se propuso la independencia para Puerto Rico, con la introducción del proyecto Tydings, respaldado por Vito Marcantonio, congresista neoyorquino.
Falta estudiar lo que sucedió entre los líderes puertorriqueños en ese momento. Muñoz Marín se opuso al proyecto porque lo vio como un acto de venganza por el asesinato de Coronel Riggs. Dijo que era condenarnos a una mayor miseria económica si nos daban la independencia y si no me equivoco fue entonces cuando dijo que la independencia sería la colonia con una cadena más larga.
Pero después de más de medio siglo de Estado Libre Asociado, vemos que lo que un Congreso hace, otro lo deshace. Desde hace casi una década los puertorriqueños fueron a resolver su deuda nacional mediante mecanismos que se le reconocen a los estados de la federación. Se nos rechazó y desde entonces hemos visto que esta nueva generación de congresistas no reconocen la autonomía que fue declarada con la constitución del ELA. 

El camino de las armas
Tanto Luis Muñoz Marín, como Pedro Albizu Campos, repudiaron el proyecto Tydings en 1938. Cada uno tuvo sus motivos. Pero está el hecho de que el Partido Nacionalista fue a las urnas por primera y única vez ese mismo año y sólo captó una cantidad mínima de votos, menos aún que lo que más tarde consiguió el Partido Independentista (PIP) a finales del siglo 20 y principios del 21.
A partir de ese momento Albizu declaró la guerra armada. Realmente no sé en qué estaba pensando, pero ciertamente los cadetes de la república armados con rifles de palo de seguro proyectaban una triste figura. Quizás por eso no los respetaron; ni las autoridades norteamericanas, ni los puertorriqueños en puestos de autoridad. 
Entonces hubo el tiroteo de los congresistas en Washington, un proyecto un tanto descabellado. En una ocasión escuché decir por radio a Oscar Collazo, uno de los protagonistas, que a él le dieron una pistola herrumbrosa para su misión. 
Una idea más sensata hubiese sido la de secuestrar a Muñoz Marín, o la de secuestrar al presidente Truman, o secuestrar algún congresista. Eso no hubiese implicado derramamiento de sangre. 
Tirotear el Congreso no cumplía ningún propósito, excepto llamar la atención sobre la situación de Puerto Rico. Pero hoy día con la prensa y otros medios de comunicación se hubiese conseguido lo mismo de otra manera. Recordemos que la primera esposa de Muñoz Marín, la que le dio acceso a los puntos del poder, era periodista en Washington.
Muñoz Marín era un ídolo para los jíbaros, y fácilmente lo era para el 75% de los puertorriqueños en 1948-50. Están las anécdotas de entrar a las casas de la gente de pueblo y ver el retrato de Muñoz sobre una repisa como si fuese un altar de los que se hacían en honor a los santos de la devoción popular. 
En ese contexto se ve lo descabellado del ataque a la Fortaleza con el fin de… a saberse lo que pensaban hacer. Ciertamente la mayoría de los puertorriqueños no se identificaron con los "mártires de la república". 
Pasaría lo mismo ahora si surgiera un líder reconocido por su decencia y honestidad y fundara un partido de la decencia y dignidad junto a un grupo de gente reconocidamente decente y honesta. Atacar ese líder por ser lacayo de los yanquis no va a provocar solidaridad con la causa de la independencia.

En Argelia nos admiraron
Los puertorriqueños sentamos el modelo de la lucha mediante el terrorismo, desafortunadamente. Los patriotas de Argelia en la década de 1950 expresaron admiración por el operativo de ir a tirotear a los congresistas en Washington. Era llevar la lucha al corazón mismo de la metrópoli. 
Pero hay una diferencia entre Argelia y Puerto Rico. Los argelinos son de una historia y una cultura completamente distinta a la de los franceses. Los puertorriqueños compartimos la misma cultura europea de ingleses y españoles. 
También hay otro elemento en nuestra situación colonial. En el siglo 18 y 19 los ingleses fueron nuestros amigos, igual que los comerciantes de las trece colonias. Se comportaron como amigos por segundas intenciones, cierto, pero también desde acá siempre se vieron como amigos. Esa fue también la experiencia en el continente sudamericano. Esa es una historia que habría que ver. 
En el caso de Puerto Rico, mi cuñada (QEPD) comenzó una investigación de los documentos de los cónsules ingleses en Puerto Rico en el siglo 19. Aparte de eso, en la isla había simpatía por el sistema inglés, igual que en la misma España, Francia y el resto del mundo hispano. 
Que los ingleses intentaran hacerse de Puerto Rico en 1797 no salió de la nada. Fue una acción contra Francia, siendo España satélite de Francia, aun antes de Napoleón. 
Bajo esa luz la resistencia al ataque inglés cobra otro cariz, otro tono. Pelear hombro con hombro contra los ingleses era estar en solidaridad con el poder colonizador español. Era el equivalente de ser un patriota español. El despertar de la conciencia nacional puertorriqueña se dio bajo la forma de la mentalidad colonizada, de sentimientos patrióticos de solidaridad con la Madre Patria. 
El sometimiento de los puertorriqueños viene, podría ser, de esa vena de conservadurismo español típico de los campesinos. Si los "de arriba" son católicos tradicionalistas y conservadores, es una distinción para el labriego identificarse con el amo. Más tarde Albizu Campos basará su proyecto de independencia en la defensa de la hispanidad y el catolicismo frente a los anglosajones protestantes y masones. 
Más tarde los ingleses lucharon hombro con hombro junto a los españoles para sacar a los franceses de España.
8 junio 1808 en Valencia
La simpatía por los ingleses adquirió el signo de la mentalidad de los liberales, por contraste a la hispanofilia rancia de los patriotas conservadores.
Ya desde el siglo 18 los ingleses entraron sus productos de contrabando y por la misma vía compraron nuestro ron y probablemente otros productos. Ya desde entonces de seguro hubo comerciantes puertorriqueños metidos en el contrabando con los ingleses y también, con los colonos norteamericanos. 
Valga señalar que los ingleses prohibieron el tráfico de esclavos en sus barcos y en sus colonias. Esto contrastaba con la imagen del autoritarismo español. El pequeño grupo de personas cultivadas en nuestra isla, igual que en el resto de la América hispana, simpatizaba, entendía los ideales de la revolución norteamericana. 
Pero en la España del siglo 19 estar al día en la cultura era ser “afrancesado”, no ser buen patriota. El rechazo de España entre nosotros estuvo asociado con la admiración por los ingleses y franceses. Esto se reforzó con la llegada de otras nacionalidades luego de 1815. De ahí que los enclaves de las inquietudes culturales y patrióticas estuvieran en las áreas de concentración de cónsules extranjeros y los comerciantes que los acompañaban.
En los años de 1970 circuló la tesis de que, si en Puerto Rico hubiese llegado a haber una burguesía fuerte como en la colonias de Nueva Inglaterra, la historia hubiera sido otra. Quién sabe. Pero el punto de comparación es Cuba. 
En Cuba también hubo un movimiento por la incorporación como un estado adicional a los Estados Unidos. El presidente de la Junta Revolucionaria en Nueva York en tiempos de España fue Tomás Estrada Palma, un gran admirador de los norteamericanos. De seguro que los puertorriqueños asociados a la Junta compartían su manera de pensar.
Uno puede hasta pensar que a finales del siglo 19 en Puerto Rico hubo una burguesía fuerte, comparable a la de Cuba. Esto fue lo que también investigó mi hermano (QEPD) y eso es lo que está detrás de su tesis sobre la hacienda Mercedita. En 1898 ya Mercedita había dejado de ser hacienda con procesos artesanales y había pasado a ser una central, es decir, ya había integrado la industrialización a sus procesos de producción. 
Mercedita no fue un caso único. En Mercedita habían tractores a vapor; en la Hacienda Vives se puede ver una turbina hidráulica, por la fuerza del agua; en la hacienda Esperanza de Manatí se ve una maquinaria de rotación a vapor. Pocos, quizás nadie más, tendría una maquinaria así en el Caribe de esa época. 
Dibujo de Watts para la máquina de rotación a vapor. 
Todos saben que James Watt perfeccionó el uso del vapor para producir energía, enorme energía. Lo que pocos saben es que apareció un socio que puso el dinero para mercadear el invento. Cuando el dinero entró, el socio persuadió a Watt para que montara un laboratorio de experimentos y prácticamente lo obligó a diseñar la máquina de rotación a vapor. La de Manatí es idéntica a la de los planos de Watt.
Maquinaria de la Esperanza, Manatí

En la década de 1970 mi hermano y yo viajamos por la isla visitando diversos puntos de lo que podríamos denominar arqueología industrial puertorriqueña. Otro lugar que visitamos fue la hacienda Pietri en el barrio Yahuecas de Adjuntas, algo admirable por el tamaño de la empresa en su momento.
Hcda. San Calixto
(Foto de Héctor Méndez Carattini)
Otro caso fue el hacienda Castañer, cuyo estudio se malogró, según me opinó (no sé cuál fue el motivo). Como se sabe, en esa misma década 
la producción de caña de azúcar, igual que las petroquímicas de Peñuelas, ya casi era cosa del pasado.

La identidad puertorriqueña
En todas partes del mundo la identidad nacional se ha ido convirtiendo en algo folclórico. Ser puertorriqueño no es asunto de bacalaítos fritos o bailar bomba. 
Para resumir: el terrorismo no resuelve. De esa manera no se forja un pueblo. Ni Washington, ni Bolívar, ni los luchadores por la independencia de sus pueblos fueron terroristas. 
Las luchas libertarias surgen espontáneamente. Véase el caso de los españoles frente a la ocupación napoleónica; el levantamiento de los colonos de Nueva Inglaterra y otros tantos ejemplos. Para que se dieran esos levantamientos era necesario que se diese una mentalidad de “nosotros”, frente a “ellos”.
Esa mentalidad la hubo en Lares y en Jayuya. Y también la hubo entre los que se sentaron a preparar la constitución del Estado Libre Asociado. No creo que estaban engañados. 
Los cubanos de 1902 no estaban engañados; tampoco los de 1959 que llevaron a Fidel al poder. Si se analiza la trayectoria de Fidel, se sabe que fue desde el principio un líder y un político astuto, como Muñoz Marín. Pero no necesariamente se propuso desde el principio llegar a ser lo que luego fue. Baste repasar sus discursos de 1959–1963.

Es que las cosas no suceden con la lógica de las matemáticas, sino con la lógica de los cuentos. Es cómo el código de conducta dentro de las gangas, los mafiosos, los encarcelados. No tiene lógica, pero sí la tiene. 
Por eso, uno puede comenzar luchando por la justicia y terminar organizando una policía secreta, como propuso Albert Camus en su momento. Y vivimos en la época en que los terroristas van provocando la pérdida de nuestras libertades, en todas partes del mundo.



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