Pongo de ilustración el escudo del Instituto de Cultura diseñado por nuestro Lorenzo Homar, con nuestros tres ascendientes raciales y culturales. Las nuevas generaciones desconocen este escudo, luego que fuera descartado por las administraciones penepas. Es interesante que diversos sectores de nuestro mundo puertorriqueño coinciden a veces y sin querer y por diversos motivos en la misma conducta respecto a nuestro legado cultural.
Entre tanto le propongo al lector estas reflexiones que preparé este año con motivo de esta fecha en que defender nuestra identidad latinoamericana (hispana) para los puertorriqueños resulta ser algo vital. Valga mencionar que el año que viene los penepos se preparan para celebrar los 250 años de la nación estadounidense, sin que muchos de ellos realmente crean en los principios democráticos implicados en la constitución estadounidense, o tan siquiera los conozcan.
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Al hablar de la raza hispana nos referimos a nuestra ascendencia biológica y cultural. Fue en el sentido cultural que De Diego habló de nuestra raza hispana puesta a prueba en Puerto Rico con la llegada de los norteamericanos.
Imagínese el lector que por esas cosas de la vida Puerto Rico pasara a ser colonia de China. Llegarían los chinos y buscarían que hablásemos chino y aprendiésemos las costumbres y la mentalidad china. ¿No seríamos injustos en criticar a los puertorriqueños que se resistieran a ese nuevo orden de cosas? Adoptar el idioma y las costumbres chinas nos llevaría a olvidar nuestra identidad puertorriqueña. ¿Habríamos de reprocharle a los puertorriqueños de no ser buenos patriotas norteamericanos, digo, buenos ciudadanos chinos; y no querer celebrar el 4 de julio, digo, la fiesta nacional de China?
Qué tal si intercambiaran a Puerto Rico por Groenlandia y pasáramos a ser colonia de Dinamarca. Qué tal si llegasen los daneses con la intención de que habláramos danés y adoptáramos la mentalidad danesa?
Uno entiende cómo más de un puertorriqueño celebró la llegada de los norteamericanos en 1898. Podemos conjeturar que entre ellos estuvieron los que a la sazón eran víctimas de las injusticias del régimen colonial español, particularmente entre los pobres y desamparados. También podemos conjeturar que entre los que celebraron el cambio de régimen estaban los comerciantes y terratenientes que anticipaban la oportunidad de hacer negocios directamente con una nación que admiraban por sus ideales democráticos. Así fue que se organizó un comité de recepción en Ponce y se montaron en una embarcación para ir al encuentro del buque donde venía el Almirante Sampson. Más tarde vino la decepción, cuando descubrieron que para los norteamericanos los negocios son negocios, nada más; que veían a los puertorriqueños como «nativos».
Todavía hay quien esgrime el argumento de que a los independentistas les gustan los billetes verdes y escriben una «historia prejuiciada» (en contra de los norteamericanos). Miren primero a los franceses que vivieron bajo la ocupación de los alemanes en la década de 1940, como Coco Chanel y otros que hicieron de tripas corazones. En una sociedad corrupta, ¿cómo luchar contra la corrupción? Es lo que señaló Simone de Beauvoir, que si el aire está contaminado, no hay más remedio que respirárselo, mientras uno busca cómo limpiar el ambiente (de manera civilizada, se supone).
Algunos que promovieron la Guerra del ’98 también promovieron la anexión de Hawaii, los del cartel azucarero, entre ellos Hershey, el magnate de los dulces. De ahí el interés en Cuba y Puerto Rico. Antes de la Ley Foraker hubo indecisión; se le podría dar la misma independencia a Cuba y Puerto Rico (la constitución cubana también fue manejada por el Congreso y Cuba para los efectos siguió como colonia vestida de república). Comparemos apuntes con la historia de otras repúblicas centroamericanas. Ahí hay una moraleja. Entre nosotros hay que fortalecer nuestro sentido de civismo, de ideales y presupuestos democráticos. No importa si bajo la estadidad, la independencia o la soberanía del ELA, siempre será importante la gestión inmediata del gobierno, con respeto por las libertades civiles, por el estado de derecho.

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